miércoles, 16 de abril de 2014

Danza impresionante (Breathtaking)

Breath taking
نفس کش!
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Una hora del Viernes Santos


José Angel Viña Bolívar

22:57 (hace 0 minutos)
para AméricoVíctorYuraimamairin.rodrigu.dorianlefebre
Queridos amigos y amigas: acabo de subir el midi de una hermosa obra sacra que transcribí titulada "Una hora del Viernes Santo", del compositor bolivarense José Mármol y Muñoz (1825-1888), Maestro de Capilla de la Catedral de Ciudad Bolívar, director de la Banda Marcial de Ciudad Bolívar y de la Banda Marcial Caracas, músico de la "corte" del General Guzmán Blanco, primer músico bolivarense de trascendencia nacional y profesor de importantes músicos en Caracas durante muchos años. Está escrita para dos sopranos; coro de bajo, tenor y barítono;  violín; cornetín; clarinete en sib; flauta y órgano. A partir de 1.17 minutos comienza la voz, cuyo texto es obra también de Mármol: "Murió en la cruz afrentosa, el sumo bien, Dios y padre. Incierta fe, dulce madre, no comprendió tu dolor. Lloren las fuentes, los mares, la humanidad, el desierto. Por nuestras culpas ha muerto: misericordia señor". Es una obra conmovedora y representativa del estilo compositivo de este autor.
Lo comparto con ustedes, guayaneses todos, para honrarlos por su amistad, por estar cerca los días santos y por ver si logramos alguna vez, ahora que tenemos las partituras, hacer sonar esta música del siglo XIX bolivarense nuevamente. Ojalá les anime.
Gracias de antemano por su receptividad. Feliz semana santa.

jueves, 10 de abril de 2014

GUSTAVO RODRÍGUEZ actor dramático

01-Cenizas-de-Gustavo
ANTE LAS CENIZAS DEL ACTOR GUSTAVO RODRIGUEZ

A esta antigua casona de la Calle Boyacá con la Concordia no venía creo desde finales de los sesenta.  Aquí conocí a su sobrina Jenny van der Dick cuando la postulamos como candidata a Reina de los Periodistas, lo mismo que a su hermano Boris Planchart, atleta de la selección nacional de voleibol y vicepresidente del Comité Olímpico.  Cuando eso Gustavo Rodríguez, quien también había nacido en esta casa el 18 de febrero de 1947, se hallaba en Caracas estudiando sociología.  Después supe más de su persona por boca de él mismo cada vez que le tocaba visitar Ciudad Bolívar, a la que me dijo nunca le perdía el pulso.  Me contaba episodios de su infancia como alguna vez me los contó Alejandro Otero y Rafael Pineda, pensando seguramente que algún día tenía que referirme a ellos como, en efecto, lo hago ahora ante el cortejo y ritual de  sus cenizas que ahora serán esparcidas en el río como antes las de César Gil Samy, compañero de sus correrías en los años  cincuenta junto con  Alberto Camacho,  Tomás Gómez, Horacio Villamonte y Ernesto Guevara.
         La Ciudad Bolívar de entonces era todavía  plácida, casi bucólica y la relación humana bastante estrecha.  Ya su padre José Leandro Rodríguez había muerto. Su padre era sombrerero de oficio, pero su vocación realmente era la de actor y no perdía la oportunidad de las  Compañías teatrales que pasaban por la ciudad para aceptar papeles eventuales.     Pero hubo un tiempo que no pasaban Compañías sino Circos de malabaristas, equilibristas y payasos y aceptó suplantar por emergencia a un equilibrista de la cuerda floja con tan mala suerte que cayó y quedó inválido para siempre.
          De su padre le vino a Gustavo esa pasión por el desdoblamiento que es el arte del actor, además que en su casa, desde pequeño, le daban pábulo a su vocación histriónica cuando lo disfrazaban de Napoleón, de Julio Cesar, de Gladiador, de Mosquetero y con ellos  ganaba los primeros premios de disfraces infantiles en los Carnavales que eran realmente muy hermosos y respondían a un movimiento cultural de elevada ascendencia.
         Ese movimiento cultural e intelectual bastante     acentuado de entonces se ha perdido a causa de la demagogia política, el facilismo y el afán de lucro. A la ciudad actual pareciera importarle más el poder económico y político que otros valores entrañablemente humanísticos.
         Gustavo Rodríguez estudió primaria en la Escuela Federal Tomás de Heres.  Una vez me contó que cuando cometía alguna travesura la maestra lo castigaba en el cuartico que le sirvió de celda al General Piar.  Entonces era monaguillo de la Catedral y por  la vía de Monseñor Juan José Bernal Ortiz, quien había sustituido a Monseñor Mejía como  obispo de la Diócesis, ingresó al Seminario Cristo Rey, pues quería ser sacerdote, Estaba tan adelantado que llegó a ser Maestro de ceremonia y organizador de las misas pontificales, pero su dudosa vocación se quebró antes de tiempo, pero le quedó el regusto por la ceremonia que llegaría a reflejarser sobre las tablas del teatro caraqueño.
         Su paso por la Catedral lo llegó a revivir con marcada emoción en  junio de 1994 cuando le tocó actuar dramáticamente en “Angostura, el oratorio de Piar” composición musical con la que el Maestro Luis Morales Bance invoca el espíritu del héroe de San Félix, con texto de José Manuel Peláez y actuación de la Cantata de Solistas de Venezuela, los Niños Cantores de Villa de Cura y la Coral Voces de la Gran Sabana.
Después del Seminario prosiguió la secundaria hasta el tercer año en el Liceo Peñalver. El Bachillerato lo terminó en el Liceo Aplicación de Caracas y luego ingresó a la Universidad Central de Venezuela para seguir la carrera de Sociología que interrumpió ya muy avanzado para aceptar  una invitación del Instituto Internacional de Teatro.
En esa ocasión Gustavo se empapó de las experiencias teatrales de vanguardia más importantes de Europa y participó en seminarios con connotados directores de teatros.        En ese entonces vivió intensamente el Mayo parisino y la invasión de la Unión Soviética a Checoslovaquia que lo alejó de la juventud comunista a la que pertenecía.



Estando en el Instituto Internacional, Gustavo tomó la decisión de abandonar los estudios de sociología en la Universidad Central para dedicarse de lleno al Teatro, y así se lo comunicó a su madre María Luisa Orá de Rodríguez, quien nunca estuvo de acuerdo con la decisión y lamentablemente no pudo vivir lo suficiente para ver los laureles de su hijo como actor dramático.
Gustavo no sólo destacó  en el Teatro actuando en un centenar de obras, todas para él positivas incluyendo las consideradas un fracaso porque de ellas aprendió mucho.  Cuando hablé con él en el curso de una entrevista para el Correo del Caroní.  Antes lo había entrevistado para el diario El Nacional, me dio a entender que “La Revolución” fue la obra teatral que lo consagró y le valió todos los premios.
"La Revolución" pieza teatral del dramaturgo Isaac Chocrón  estuvo en Caracas seis meses en cartelera y se montó en varias ciudades del país, entre ellas, Ciudad Bolívar, abarrotando un diciembre las gradas del anfiteatro construido en tiempos del gobernador Andrés Velásquez.
Gustavo Rodríguez no actuaba en Ciudad Bolívar desde 1974 cuando vino con el "Nuevo Grupo" a una temporada iniciada en la biblioteca Rómulo Gallegos, entonces dirigida por Lourdes Salazar y que culminó en el Gimnasio Cubierto de Las Moreas. Fue cuando se estrenó "La Máxima Felicidad" y se montaron obras de gran resonancia como "El Testamento del Perro" y "Resistencia".
Su trabajo en la Televisión también fue muy aplaudido y de hecho se sentía orgulloso de su trabajo  y fue reconocido en su  campo como factor importante de la nueva televisión       venezolana. Aquí se inició con "Peonia", la primera novela venezolana, escrita por Manuel García Romero y encarnó el papel de Pedro Estrada en la telenovela “Estefanía”, la primera a color  por la RCTV, 
En el cine protagonizó varias  películas y en otras formó parte de su elenco.  Recordemos a “Muerte al Amanecer”, “Domingo de Resurrección”, “Borrón y cuenta nueva” y “Los Platos del Diablo”, basada en una novela de Eduardo
 Liendo   y  donde hace de productor y actor al mismo tiempo, pues Gustavo  había fundado una Productora que realizaba miniseries para el Canal 8 y el Canal 4.  "El Dorado" fue uno de esos trabajos, ambientado en las Minas, pero que enfatiza en el problema ecológico de Guayana y en el contrabando de minerales, matizado con hechos dramáticos y de aventura.
Con su hija Juliana Andrea, de su unión conyugal con Gabriela, hija de Julián Pacheco, rodó dos películas.  Gustavo no fue estable en el matrimonio.  Se casó varias veces,  Con su primera esposa Lourdes Ramírez, pedagoga de Tucupita, tuvo a María Fernanda, abogado y con la actriz Sonia Vera,  tuvo a Alexandra, quien estudió teatro en Nueva York. Su última hija: Grecia Manrique.
         Hoy esta familia está de luto como lo está el mundo del teatro, del cine y la televisión, como lo estamos nosotros y toda Venezuela, porque se despide del teatro de la vida uno de sus más histriónicos valores.  Se despide a los 67 años, frotando  como Pavarotti el talismán de la suerte antes de entrar en escena.  Luciano Pavarottí solia utilizar como talismán clavos doblados en el bolsillo.  El talismán de Gustavo era conversar previamente con los muertos.  “Mi talismán son los muertos” me dijo un día. Converso con mi madre, mi padre y hermanos antes de salir a escena.  Pues bien, amigo, converse ahora más directamente con ellos remando como buen guayanés en el rielar luminoso del río que aguarda tus cenizas.      Al fin, como lo cantó el poeta Jorge Manrique: “Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es el morir”.

Américo Fernández
Ciudad Bolívar 09/04/2014.






martes, 8 de abril de 2014

El pintor Martínez Barrios y la Juez de la Isla de Coche


La abogada y poeta Rogelia Acuña, Juez que fue de la Isla de Coche, posó en varias sesiones  para el artista plástico, José Martínez Barrios, empeñado en hacerle un retrato que terminó en conflicto toda vez que el pintor se enamoró de Rogelia y la celaba de mi cada vez que le hacía el favor de llevarla en mi sedán alemán para que posara.  Martínez vivía en la calle Democracia de Ciudad Bolívar.  Era un pintor onírico, un tanto buscando a Chagal. Vivía acompañado de un gato llamado Pilín que vestía de frac y le hablaba como a cualquier ser humano.  Como Coche era una isla muy sana y sin problemas, Rogelia más era el tiempo que pasaba en su natal Ciudad Bolívar que en la preciosa isla del apóstol  San Pedro.