domingo, 5 de junio de 2016

VIAJEROS DEL INFINITO / Víctor Medina Silva

Obras de Jesús Soto
En "Viajeros del Infinito", libro inédito del bolivarense Víctor Medina Silva, hoy radicado en Maracaibo, dedica este pasaje a su paisano el Maestro del Arte óptico Jesús Soto:“lo inmaterial es la realidad sensible del universo. El arte es el conocimiento sensible de lo inmaterial” Jesús Soto Calvin Soto era parco, de gruesos bigotes, cabellos alborotados y mirada melancólica. Parecido a Einstein. Metido de lleno en sus vuelos imaginarios. Creativo por naturaleza y atosigado de vibraciones. Le gustaba cantar y tocar guitarra. La estudió a profundidad. Su amor por los tangos, parrandas y sueños posibles fue inmenso. A Concepción Nina Rodríguez, sus íntimos le decían Coqui. Le gustaba escribir y dejó una herencia de versos maravillosos. Era celosa y obsesiva. Hablaba y hablaba, a diferencia de Calvin -o Cal, como le decía- que prefería estar callado. Sobre todo cuando aturdía con sus celos. Sus vivaces ojos hablaban más que ella. El don de la sublimación y la sensibilidad unen a los artistas, nos hace comprender la trascendencia de su manera de concebir la vida. Elías Medinaty fue el gran amigo de Calvin Soto. Él y Concepción compartieron espacios literarios, la poética y el afán por honrar a Soto. Elías fue obligado a estudiar medicina, tratando su familia de distraerlo de la poesía. Soto reclamó que se hubiese dejado coaccionar y separar del movimiento poético que impulsaba, con el que pudo engendrar una corriente creativa nueva y original. Decía que ese estilo literario se empezaba a gestar en París. El estilo desarrollado por Medinat y otros compañeros pudo llevarlos a la fama mundial, ser pioneros y tal vez ganarse un Nobel. En una oportunidad, Soto le dijo a Medinaty: “Pudiste llegar a ser un vanguardista, Elías...”. En aquellas alambradas del gallinero de la casa materna, Calvin vio como el sol del atardecer bailaba entre la tela metálica y se le metió entre ceja y ceja que allí había algo que parecía moverse, que le bailaba en la cabeza. Era el brillo de la genialidad que impregnó sus retinas y lo hizo ciego para la plástica tradicional. Era mucho más lo que habitaba su cabeza. Los cartelones del cine se reían de sus vainas íntimas, pero siempre les explicaba lo que andaba buscando. Que va, los avisos de películas no tenían cabida para elucubraciones. Ni siquiera las tradicionales escuelas de pinceles, lienzos y claroscuros seguían tan extraño ritmo. Tendría que ir a buscar su sol en otra parte. Más allá del charco salado de los atlánticos, pensó. Un día caluroso, como los más de la ciudadela amada, el soñador incansable tomó sus corotos y se fue a la vuelta de la esquina, a esa aldea enorme e impactante llamada París. Sabía, mejor decir presentía, que allí estaba signado su destino artístico y existencial. La hermosa capital francesa supo para siempre de su canto, guitarra y curiosidades plásticas. Allí floreció su sueño cinético. La ciudad luz si que estaba ganada para sus novedades. De cuando en vez volvía a su querencia calurosa de arenales y piedras. Hasta se empeñó en montarle un espacio para esas otras maneras de concebir las artes. El cinetismo tenía que conchuparse con las alambradas del patio. Su gente merecía estar cerca de sus hilos y vibraciones. Ahora brilla el Orinoco y Ciudad Bolívar en el mapa cultural de la humanidad. Aún su gente no percibe la magnitud de su siembra. Hasta los euros y otros admiradores de más lejos llegan a ver eso que llaman museo, esa edificación -cual cajas blancas- que miran pasar a tanto viandante y tanto carro por su frente como si de cajas misteriosas se tratase. Soto es sol que ilumina los senderos del arte sorprendente y actualísimo. Cinetismo de post-grado, de maestría. Así, ignora fronteras. Habla en silencio -incluidos los penetrables que tienen alma de polietileno, que son los que más suenan y sueñan, gracias a Dios- y ofrenda promesas de otras estancias del ser. Promesas cumplidas. Por tanto, tómese tales promesas como hechos. He allí el arte inmortal. Un sol que brilla en blasones y ondea en las tardes guayanesas. Que se rompan todos los hilos y todas las partes de todas las obras del sol de Soto que la técnica les repondrá cada vez y la obra será y será. Soto, es inmortal como su obra. Jesús Soto, nació en Ciudad Bolívar el 5 de junio de 1923 y desencarnó en París, a los 81 años de edad, el 14 de febrero de 2005, donde vivió desde 1950. Fue un importante creador del arte cinético, el que inicia y desarrolla a finales de los 50. Estudió en la Escuela de Artes en Caracas, donde conoció a Carlos Cruz-Diez y Alejandro Otero. Soto es famoso por sus "penetrables", esculturas dentro de las cuales las personas pueden caminar e interactuar. El arte de Soto es inseparable del observador y solo puede estar completo con la ilusión como resultado de la observación. En París, en los años 50, no se hablaba de geometría ni constructivismo ni abstracción geométrica, solo interesaba la abstracción lírica y la pintura gestual. El grupo “Los Disidentes”, formado por Otero, Manaure, Navarro, Guevara Moreno, Perán Erminy, Núñez, Aimée Battistini y otros que habían tomado una posición crítica hacia el arte figurativo, destacaba por sus planteamientos abstractos geométricos y su no rotundo a la pintura tradicional. En esa atmósfera llega a París Jesús Soto. Conocía las obras de Mondrian, Picasso, Braque y el cubismo por litografías. Soto se decepciona de lo que se estaba haciendo en Paris y va a Ámsterdam al encuentro de Mondrian. Muchas interrogantes en el joven artista de 27 años. Comenzó a trabajar con la influencia de Mondrian y Malevich y a reunirse con Tanguily, Calder y Vasarely, quienes también tenían interés por el movimiento real o virtual. Empleaban plásticos, metal, alambres, motores, etc. Todavía en los 60, ciertos artistas decían: “Soto lo que hace son rayitas”. Él se mantenía inmutable, concentrado en su búsqueda, estudiando ideas nuevas, buscando salidas a sus planteamientos plásticos. Tocando guitarra para vivir y hacer su obra, daba a conocer la música venezolana y latinoamericana. Al fin observó como se producía lo que llamó “visión del movimiento”. Probando sobre dos o tres superficies rayadas, acercándola y alejándolas, observó como se movían con el desplazamiento. Y así nacieron muchas obras, entre ellas “Espiral”, más tarde “Los penetrables” y un sin número de obras de diferente formatos y colores. Con constancia, voluntad, sensibilidad, serenidad, humildad e investigación, desarrolló su obra, convirtiéndose en uno de los creadores plásticos más importante del siglo XX e inicios del XXI”. Einstein revoloteaba en su biografía y Chuchito el pianista grabó su cinetismo musical. En una de esas tertulias sublimes, llegó a comentarme que su sueño mayor era construir un penetrable donde él desapareciera. Me quedé observando su perfil, coronado por larga cabellera gris que hacía juego con el bigote senil, y su mirada volaba en éxtasis sobre el techo del Museo. Supo sabiamente mezclar el ritmo musical con la plástica y el cinetismo cantó sus vibraciones. Una de esas mañanas angostureñas de los setenta, se encontraron en una de las casonas del centro histórico, Calvin y Concepción. Ella quedó alelada mirando los bigotes del soñador y él reventaba cuerdas de sentimiento al recibir el impacto de los ojos vivaces de Coqui. No eran necesarias las palabras. El beso entre la poesía y el cinetismo expresaban al cielo todas. Sabían que se encontraban en medio de los campos del deseo. El fuego inundó la creación y fusionó sus corazones. A lo lejos, la estridencia de un vendedor ambulante regalaba una canción de Anthony para JLo. Los pequeños resquicios del afecto sirvieron para enaltecer un amor que iba más allá de las artes. Amor del bueno, de poesía, de penetrables. “Coqui -le decía con cariño- lléname de versos”. Y ella entendía que lo llenara de besos. “Tranquilo, Cal, solamente espero ofrendes todos tus penetrables a mi existencia” –respondía con ternura, acariciando las cuerdas de la hamaca multicolor. Él le enseñó los secretos del éxtasis. Amor de artistas. Más allá de la razón, más acá del corazón. Tras abandonar el plano terrenal, descubrieron en el próximo cono-etapa que siempre fueron hermanos. El amor es sabio. En la firma del cinetista pude apreciar emocionado el SOIO que creí ver en los primeros trazos del australopithecus. Vigencia de eterno presente. Dios, el gran arquitecto de la vida, sabe demasiado."

sábado, 28 de noviembre de 2015

Latorraca flota el domingo en el Museo Soto





Joaquin Latorraca

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De: Joaquin Latorraca <jjlatorraca@gmail.com>
Fecha: 27 de noviembre de 2015, 14:31
Asunto: Fwd: INVITACION INAUGURACION EXPOSICION: INSTABILE FLOTANTE MAESTRO JOAQUIN LATORROCA. DOMINGO 29 10 AM
Para: empysumavila@hotmail.com



---------- Mensaje reenviado ----------
De: Museo Jesús Soto <museojesussoto.bolivar@gmail.com>
Fecha: 27 de noviembre de 2015, 12:08
Asunto: INVITACION INAUGURACION EXPOSICION: INSTABILE FLOTANTE MAESTRO JOAQUIN LATORROCA. DOMINGO 29 10 AM
Para: 


Cordial y fraternalmente bienvenid@s


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lunes, 16 de noviembre de 2015

FUNDADA ESCUELA DE PINTURA EN CAICARA DE ORINOCO



Ciudad Bolívar, 3.6.67 (Especial).
Una Escuela de Artes Plásti­cas que lleva el nombre de "Tito Salas", fue fundada en Caicara de Orinoco y con motivo de las fiestas de "Nuestra Señora de la Luz", patrona de esa región, maestros y alumnos de la Escue­la, presentaron una exposición de 50 obras que fue inaugurada por el Arzobispo de esta ciudad, Monseñor Dr. Crisanto Mata Coya.
La exposición fue presentada en el Salón Parroquial y un acto especial amenizado por el decla­mador criollo Natalio Loreto Vázquez fue presentado con mo­tivo de la inauguración.
La Escuela de pintura "Tito Sala” la dirige el pintor Jaime García Norbone, quien en la exposición presenta la obra cubista titulada "Bodegón".
Monseñor Crisanto Mata Cova inauguró la muestra de arte, cor­tando la cinta tricolor sosteni­da por las madrinas líricas Zo­raida Delepiani y Guadalupe Castillo.


Asistieron al acto, en­tre otras personalidades de la región, los señores J. M. Ortega, Alfonso Laica, Rafael Castillo, Gonzalo Infante, Rubén Alcalá, Mercedes de Córdoba (Presiden­te Municipal), Régulo Aparicio, hermanas Gómez Garrido, Doris de Carrasquel y familia, Juana Gómez Mendoza, familia Inaga, familia Macabril y los pintores locales. David Ortega, Arquíme­des Cedeño, Luis Antonio Gonzá­lez. Franklin Macabril, Felito Carrasquel, Carlos Enrique Laica, Estilita de Campos, Ylia Gómez.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Galería “Germania”


Con una velada artística cultural, la “Germania Galería de Artes” celebró el 12 de julio de 1986  su primer aniversario y demostró que con un poco de esfuerzo, capacidad y voluntad puede motorizarse en Ciudad Bolívar un movimiento cultural que permita a la ciudadanía vincularse más con las distintas manifestaciones del arte y la cultura a nivel regional y nacional.
         Wolfgang y Conchita Schroder, decidieron en 1985 embarcarse en un ambicioso proyecto y sorteando infinidad de obstáculos lograron convertir a una palaciega casa deshabitada durante muchos años, en verdadero centro de atracción para propios y extraños.
         Primero nació la Rosittería, donde el visitante podía adquirir infinidad de platos nacionales e internacionales. Luego surgió “La Galería” y poco a poco las amplias salas del “castillo” como se solía llamar aquí a la amplia casona de la avenida Táchira, fue tomando calor y en tiempo de un año ya muchos artistas habían desfilado por esa sala y destacados conferencistas planteado problemas de interés.
         En la velada artística cultural que sirvió de marco para festejar el primer año de la Galería “Germania”, Conchita Schroder (actual presidenta del Colegio de Médicos) señaló que lo más importante había sido contar con el apoyo de la colectividad que no dejaba de asistir y apoyar  las actividades desarrolladas por la Galería.
         Durante el año, la galería se había llenado con las más variadas y bellas obras de distintas tendencias, entre ellas, obras de Régulo Pérez, Santiago Romero, Miguel Von Dangel, del miniaturista Luís Montes Lugo, de Santiago Díaz, Mercedes de Catón, Hans Geiringer y Luis Salas Dávila.  Así también, conferencias como la de Misael Salazar Leindenz sobre su libro “Geografía Erótica de Venezuela”. Se contó con el apoyo de la Asociación Cultural Humboldt y la Embajada Alemana.  En la gala de su aniversario presentó la exposición de los hermanos Genaro y Edgar Carrasco, un concierto de violín del concertista internacional Michael Gruber y proyectó la película “Detrás de la Noticia” del cineasta Carlos Azpúrua.


sábado, 19 de septiembre de 2015

JOSÉ MARTÍNEZ BARRIOS


Dejó de ser pintor onírico como Chagal para dormir el sueño eterno



Recorrió el mundo en su imaginación mitológica, sin tener que vadear jamás el Orinoco.  Vivió arrinconado en una casa miserable humillada con el nombre de calle Democracia, anclado de por vida en el claro-oscuro, dentro de una línea popular de creación muy espontánea que cautivó tanto a legos como a crítico en el campo de las artes visuales.
Américo Fernández

En octubre de 1967, recién inaugurada la Casa de la Cultura de Ciudad Bolívar, José Martínez Barrios realizó por primera vez su primera expo­sición individual y todos sus cuadros se vendieron al instante, mas con el producto de la venta el pin­tor estuvo desaparecido tres días con sus noches. La pintura de Martínez gustó y comenzó a gustar a partir de entonces por lo anecdótico de las figu­ras hechas con la técnica pasada del claro–oscuro y que algunos llegaron a catalogar de ingenua, pero ¿puede ser ingenua la pintura de un artista que tuvo escuela? Martínez estudió en la Armando Reverón, durante los ocho años que funcionó esta escuela de artes plásticas creada en 1958 y mientras permaneció en ella, logró cuadros bien orientados dentro de la técnica del academi­cismo clásico, pero una vez que fue cerrada la escuela por considerarla el gobernador de turno un nido de izquierdistas que tenía sus veleidades con las guerrillas, las figuras de su pintura comenza­ron a perder el equilibrio de las formas académi­cas cayendo en una expresión que proyecta su propia personalidad sicológica.
Aquella primera exposición de Martínez a la cual siguieron de inmediato otras hasta llegar al Ateneo de Caracas, fue prácticamente acaparada por unos pocos coleccionistas, entre ellos, el antropólogo Jean Marc Sellier, quien la calificó de sorprenden­te: Este artista, al pretender pintar una alegoría al estilo de Fragonard, redescubre por su cuenta el mundo onírico de Chagal y del aduanero Rousseau. La fuerza del instinto espontáneo es tan fuerte, que el pintor no repite mensaje de otros. Sólo encuentra el suyo propio en la profundidad de su inconsciente.
José Martínez, magro, apacible, facundo como
fecundo, pintor a quien los citadinos nunca dejaron de tomar en cuenta a pesar de su origen y per­manente estado de humildad, tiene tanto él como su pintura, singulares anécdotas que suelen contar sus colegas artistas y poetas con las cuales solía reunirse diariamente en amenas tertulias por las tardes en torno a las mesas graníticas del Boulevar Bolívar.
Una de ellas dice que un hombre de su calle, en el perímetro del Casco Histórico, le llevó a uno de sus hijos para que le hiciera una pintura, pero el niño pobre tenía el vestido raído y el padre le pidió al pintor que por favor lo mejorara en el retrato. Martínez lo tranquilizó con una sonrisa, pero luego que en el coleto fue apareciendo el párvulo con ropaje de príncipe, el padre molesto le batió a Martínez el lienzo sobre la misma testa.
Hay otra anécdota ocurrida cuando estudiaba en la escuela Armando Reverón y el cura párroco de la ciudad llevó a la Escuela el cuadro de un santo pintado al óleo para que los estudiantes le restauraran una mano que se le había excoriado. Los traviesos muchachos aceptaron, pero la restauración la convirtieron en una mano tan descomunalmente larga que el cura cuando vino por el cuadro estalló hecho una furia y amenazó con exco­mulgarlos a todos. Martínez oportunamente abordó al religioso con la pureza del mismo santo y salvó a sus compañeros de la presunta excomunión corrigiendo la mano desfi­gurada y devolviéndole al indignado sacerdote su habitual semblante de pas­tor.
Antes de ingresar a la Armando           Reverón, Martínez había tenido de maestro en su taller de la calle Democracia, al pintor español García Meneses que le hacía retratos a los obispos, res­tauraba las imágenes de las iglesias y hacía las carrozas del carnaval.
"Mi primera pintura fue muy académica", me dijo en la oportunidad de un diálogo sostenido en torno a una mesa dura y redonda del boulevard.
- Uno empieza por ser paisajista, bodeguista. Luego cuando estudia la figura humana, se trans­forma en anatomista y de aquí entras en la etapa mística de la búsqueda, tratando de profundizar en la esencia de la figura, ya no en la persona o cosa que uno objetivamente ve, sino en su esencia, entonces se expresa en una forma metafísica.
- ¿No estás tú como detenido en la pintura del siglo pasado?
- Yo estoy detenido en la etapa de la pintura fran­cesa que vivió Arturo Michelena porque es la más elocuente del realismo academicista social.
- ¿Por qué es la más elocuente?
- Porque se acerca más al ser humano, porque involucra el deseo de imitar la realidad, de repro­ducirla. Contar la historia con la figura humana es lo que me llena, yo siento eso todavía. Desde luego, hoy no hay tiempo para hacer lo mismo que hacía aquella gente que pasaba trabajando un cua­dro seis meses, sin importarle mucho el hambre que sufrían a causa de ello.
Desde que murió su última tía en 1986, Martínez vivía prácticamente solo en su humilde casa de la calle Democracia, apenas con un par de gatos y un perrito llamado "Pilin con el cual se divertía poniéndole su corbata.
Uno entra en la casa de Martínez, si es que puede, porque en ese maltrecho y reducido espa­cio todo se confunde. Uno entra y encuentra sobre un piso cubierto de huesos sueltos un arrume de periódicos, revistas de artísticos desnudos, libros, lienzos, tubos de pintura, espátulas, caballete, pin­celes, latas de sardinas, paltoes y corbatas.
No está el televisor, ni el reproductor, ni sus dis­cos favoritos de Pérez Prado y la Sonora Matancera, la voz de Caruso y Mario Lanza, porque desde que se murió su abuela, los ladrones jamás lo dejaron en paz.
Casi todo se llevaron los amigotes de los ajeno, hsta las zapatillas azul de Haibee, la mujer soñada de Martínez, que según nos dijo en reiteradas ocasiones, vive en Puerto Ordaz “donde tiene sus churupos”.  ¿Sabrá de su muerte?  Seguro que no lo sabe porque Haibee sólo vivía en la imaginación de Martínez.
-¿Cuándo y dónde la conociste?

-A finales de los años cincuenta  en un hotel de la ciudad, tiempos de la Sonora Matancera que llenó un momento romántico de mi vida.  Cuando Haibée cumplió 17 años, tomé champaña en una  de sus zapatillas. Estaba recién llegada de Norteamérica.
- ¿Ha sido tu único amor
Mi gran amor entre mil a mores.
- ¿Por qué una extranjera?
- A mí de plano no me gusta la venezolana.  Es muy fría, muy loca. Sexualmente no está en nada.  Es decir, no sabe nada de sexo en el sentido mágico de la palabra. Tiene una mentalidad embasurada, en fin, alienada por una propaganda  cursi como es la de televisión.
- ¿Todas las venezolanas?
Claro que hay excepciones como mis amigas periodistas Luisa Barroso y angélica Martínez, mujeres cultas con las que se puede hablar.  La generalidad de las mujeres, mi querido Américo, no se detiene a la hora de cambiar comodidad por sexo y, lo triste, un sexo mal hecho.  Su cultura sexual  está llena de prejuicios y estupideces.
 - ¿Sin embargo, has tenido mil amores?
- Por eso hablo con propiedad.  Siempre me ponen de mal humor las mujeres vacías, me disgustan, me causan terror, por eso, porque son muy marginales.
- ¿Cuando hablas de mujer marginal en este caso, te refieres a las burdeleras?
-No. Ellas son otro tipo de gente.  Son mujeres que por accidente han aprendido muchas cosas y tienen vivencias inquietantes que son las que el  artista necesita. En los burdeles tú te encuentras con casos realmente interesantes.
- ¿Conociste a Edelmiro Lizardi, el dueño del famoso Trocadero de Ciudad Bolívar?
Mi papá era muy amigo de él. Yo lo conocí en ese lupanar.
- ¿Cómo era ese ambiente?
Una casa pintoresca, con cuartos de moriche en el fondo, situada en La Campiña. Por allí pasaron mujeres bellísimas de Maracaibo, Valencia, Upata. Uno se tomaba una cerveza por real y medio. El tercio costaba 1,25; dos bolívares la media jarra y tres el botellón. Allí yo tuve mis pri­meras incursiones en el sexo.
- ¿Estuviste particularmente empatado con alguna de esas mujeres bellísimas, como tú dices?
Como no, de una merideña llamada Juliana y de otra maracucha. Muy bellas. Yo en ese tiempo vivía leyendo libros de estética, de preceptiva lite­raria, filosofía y obras románticas. Como los acto­res de cine, buscaba argumentos para mi vida, temas que me nutrieran existencialmente.
- Y vives solo, con tus gatos y el travieso Pilín, ¿por qué?
Me siento bien con los gatos y con mi perro. Siento un gran amor por ellos y ellos por mí. Cuando salgo y estoy de vuelta, siempre me espe­ran en la puerta como en un concilio.
- ¿Cuántos gatos?
Tenía seis: tres grandes y tres pequeños, pero ayer aumentaron a diez porque encontré cuatro pequeñitos que los tengo en una cajita y no los voy a dejar morir de hambre. Los encontré en una casa abandonada y les compré un pote de leche y un tetero.
- ¿Tienen nombres?
- El más feo lo llamo Oso y al más pintado, Tigre. Son los únicos machos y los que tienen nombres. Los machos se van de noche de parranda y regre­san tarde y tengo que levantarme a abrirles la puerta. Ayer se aparecieron con una amiga y tuve que levantarme corriendo a servirles una lata de sardinas que les encanta y me veían de una mane­ra rara como preguntándome si estaba bravo y yo les respondí: "No, chicos, que va, coman y olví­dense de lo demás."
La conversación informal con Martínez había comenzado en el Boulevard y terminado en su casa, sin dejar éste de fumar y frotar una caja de mentol que siempre carga consigo. Le pregunta­mos sobre sus exposiciones y nos dijo que la últi­ma individual tuvo lugar el año pasado en la Casa de las Doce Ventanas con motivo del Día del Artista Plástico.
- ¿Cuál la de mayor éxito?
La primera en la Casa de la Cultura por inicia­tiva de Minina y del Profesor Sellier; la segunda en el Ateneo de Caracas a instancias del poeta y crítico de arte Rafael Pineda, otra en la Galería Germania del germano Wolfgan Scroder y la más reciente en la Galería Bicentenaria, patrocinada por el doctor Ramón Córdova Ascanio, excelente amigo, gran persona, me ha ayudado mucho. - Rafael Pineda tenía intención de seguir ayu­dándote ¿qué pasó?
Bueno, Rafael es muy inteligente, tiene una gran producción literaria, es incansable, está muy bien relacionado, lo que no me gusta es que es muy elitesco. 
-¿Tu digusto no es acaso por haber situado tu pintura en el campo de lo ingenuo?
 - Bueno esa es una de las causas.  El problema de la clasificación que él quería darle a mi pintura y con la cual yo no estoy de acuerdo. 
-¿Por qué dice, Rafael, que tu pintura es ingenua?  -No se, porque ingenuo significa para mi , ignorancia artística, desconocimientos técnico y yo soy un pinor de escuela, con doce años de estudios en academias,  De manera, que no puedo estar en esa clasificación.
Además de pintor, tengo entendido que lees todo cuanto caen en tus manos ¿Qué lees ahora? 
-Elogio a la locura de Erasmo de Roterdan.
- ¿Qué dice Erasmo de la mujer?
- Bueno, hay un pasaje de su obra donde dice que Platón dudó al colocar a la mujer en la categoría de los seres racionales porque los 365 días del año los pasa pintándose y todavía tiene el coraje de pintarse en los carnavales.
Martínez Barrios también ha leído a Lucrecio, a Shopenhauer y a Vargas Vila que no hablan bien de las mujeres, tal vez, porque nunca como Don Quijote tuvieron su Dulcinea del Toboso. Por lo menos, Martínez tuvo la esperanza de Haibée y el hermoso recuerdo de su zapatilla azul.

El sábado 30 de septiembre, a la edad de 57 años cumplidos el 7 de marzo, falleció este artista en el hospital Ruiz y Páez. Accidentalmente conocí a su padre. Era vigilante en el Parque Leonardo Ruiz Pineda y en esa ocasión me habló orgulloso de su hijo pintor. Y un día que le llevé a Rogelia Acuña, poeta que quería conocerlo, me presentó a su tía, quien me sugirió aconsejar a Martínez para que se ocupara de mandar a arreglar el endeble techo de la casa. Pero Martínez vivía sumido en el claro oscuro y a veces en el color sepia de su universo, por lo que el techo se vino abajo y casi lo sepulta, mucho antes del sábado cuando estaba previsto se detendría el imperfecto reloj de su existencia. Los hebreos dicen que Dios descansó el sábado, des­pués de haber creado el mundo. Pudiéramos trazar un parangón y decir que el sábado Martínez entró en reposo después de haber creado su propio mundo, un mundo extraño, rayano en el surrealis­mo que pocos entendían, entre ellos, el abogado Ramón Córdova y el médico Armando García, sus protectores hasta la última palada de tierra.

sábado, 12 de septiembre de 2015

El Pintor Alejandro Otero / entrevistado por Américo Fernández


Alejandro Otero, quien tenía tiempo sin reencontrarse con la ciudad de su adolescencia, volvió el 26 de abril de 1985 a reconciliarse con ella. Antes sentía que la capital estaba muy descalabrada por descuido de los propios guayaneses y sentía un poco de rencor.
         Ahora que volvía a recibir el premio más alto: la Orden Congreso de Angostura, encontraba que Ciudad Bolívar estaba rejuvenecida, que le estaban poniendo cuidado.
         “Siempre me entristeció mucho ver la ciudad distinta, tan castigada. Pero me doy cuenta que se le está ayudando a remozar. Pienso también que las ciudades como la gente les tocan los destinos más inesperados”.
         Entonces Alejandro Otero (en la foto con José Rosario Pérez y Américo Fernández)  exponía en el Museo de Arte Contemporáneo y  no esperaba que fuera una repuesta tan entusiasta, tan cercana, tan conmovedora, tan tierna. “A mí lo que me conmueve es la ternura, eso me tranquiliza, me hace feliz, y me hace sentir como uno de ellos”.
         Se refería el artista, nacido en El Manteco, a la ternura de la gente que desfilaba por el Museo para percibir el mensaje de sus 700 obras que, de ninguna manera, eran todas las que ha hecho sino una selección de cada momento de su trayectoria.
         Esta exposición nos dijo Otero, mientras caminaba la ciudad recordando los lugares de su adolescencia, “ha sido como un reto a mí mismo. Yo me comprometí con el grupo de los Disidente a una acción, a una tarea que está llegando a cuajar y ahora estoy entregando esa cuenta” La mayoría de la gente que me encuentra me dice: “Qué maravilla que usted sea venezolano” y me tratan como uno de ellos.
         ¿Se ha sentido siempre venezolano?   Yo me he sentido toda la vida como un venezolano entre otros venezolanos, pero esta exposición me ha hecho sentir parte del venezolano que es querido por ellos. Y siento que eso es inusitado porque nunca en la plástica había visto que se produjera ese fenómeno así ni mucho menos en mi caso. Toda ha sido muy conmovedora y ha sido muy sorpresivo.
         ¿Cómo cree usted que se podría valorar o situar ese fenómeno?        Yo todavía no he sacado una consecuencia de por qué se ha producido esto y lo que eso significa. Sólo sé que estoy contento y me siento feliz.
         ¿En todo caso qué es lo que más se aproxima como explicación?      Yo quiero creer que la entrada hacia mi trabajo se ha producido a través de las obras nuevas, de las estructura, fundamentalmente. Quiero creerlo porque he realizado una obra para una mayoría, para la gente que entiende o no sabe de arte. He hecho un esfuerzo muy grande por llevar un poco mi trabajo a la gente. Me doy cuenta de eso porque la respuesta más unánime que yo he sentido, se ha producido frente a la escultura “Una flor para el Desierto”. Es la obra capital de la exposición. Hasta los niños de tres años se extasían y se les salen los ojitos al verla. Tiene mucha relación con la ciencia ficción. Yo creo que es por allí por donde ha entrado la simpatía. Cuando se ha encontrado que detrás de esto hay una obra coherente, un trabajo consecuente, una cantidad de años dedicados, la gente ha reaccionado favorablemente y aceptado la totalidad del trabajo.
         ¿Por qué el nombre de “Una flor para el desierto”?         Tú sabes que los nombres son muchas veces casuales. En California cuando hice los últimos cinco proyectos, había observado mucho las características de la ciudad de Los Ángeles, que es una ciudad muy parecida a Caracas, con muchos cerritos llenos de grama, muchos montículos, y a mí se me ocurrió que podía hacer esculturas para ellos. Hice esos proyectos pensando en esa posibilidad del paisaje y oyendo un día hablar del desierto de California pensé que podía ser  “Una flor par el desierto”. Porque se me ocurrió imaginar una de esas esculturas en el desierto.
         ¿Y cuál será el destino de esa “flor” que ha llamado tanto la atención?         Esa obra, en principio, es del Museo de Arte Contemporáneo. Es una obra costeada por el museo. No estoy seguro dónde la vamos a colocar. Ella requiere de ciertas condiciones ambientales, necesita viento, sol, luz y no son muchos los lugares cercanos al museo donde se pueda poner con éxito.
         ¿Y después de esto qué viene? Por ahora quiero ir más lejos en la escultura. Tengo un proyecto que está por allí en secreto y el cual me va a permitir revisar otros proyectos de esculturas, que nunca he realizado y ver de qué manera los llevamos a una expresión más concreta, aunque sean modelos de aproximación y ver si estas ideas ya resueltas tienen otros desarrollos.
         ¿No cree que a Ciudad  Bolívar le haga falta una escultura suya?        Me gustaría hacer una para Ciudad Bolívar. Yo creo, sin pecar de demagogo, que donde esas esculturas se ven mejor es aquí. Creo que los efectos que tiene, por ejemplo, la escultura de Sidor, no los ha tenido una escultura mía en ninguna parte, ni en Washington ni en Venecia, que siendo un marco prodigioso no dan a esas esculturas lo que les da la luz de Guayana. Creo que existe una relación de raíz que hace que aquí funcionen mejor.
         ¿Considera usted que su “Integral Vibrante”, 1969, de Ciudad Guayana está mal ubicada? La escultura de Ciudad Guayana me encantaría si la pudiera reubicar. Yo creo como tú, que no está bien colocada. Y me gustaría además, hacerla de un material más estable, en acero inoxidable, para que dure unos 25 años. La actual es de hierro y hay que estarla retocando. La escultura que está en el edificio de Interalúmina, sí es de acero inoxidable. Me gustaría también hacer una escultura para Upata, la tierra de mi infancia y otra en El Manteco, lugar de mi nacimiento.





viernes, 7 de agosto de 2015

JUVENAL RAVELO: El mundo de la relatividad

Artes y Letras


MAYO 16, 2015

Juvenal Ravelo: El mundo de la relatividad