lunes, 23 de marzo de 2015

-- JUVENAL RAVELO



Afiche de mi exposición individual en Miami desde el 10 de Abril al 30 de Julio.





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JUVENAL RAVELO
Venezuela
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martes, 16 de diciembre de 2014

Hoy el día de Kandinski


Hoy es el  día de Vasil Kandinski, pintor ruso precursor del arte moderno con su obra y su libro "Punto y línea sobre el plano".  En la colección permanente del Museo Soto conocí su abstración lírica.

miércoles, 2 de julio de 2014

Las obras visuales de Pérez y Latorraca

(Reportaje de Américo Fernández publicado el 3 de diciembre de 1984 en el diario El Expreso)
José Rosario Pérez

Obras de Pérez y Latorraca
un desafío a la capacidad perceptual

·       Los dos artistas de la plástica exponen sesenta obras  bidimensionales y espaciales  en la sala de are de Sidor.
·       Latorraca piensa en la cuarta dimensión utilizando el rayo laser y José Rosario Pérez inventa una cámara  para sondear los misterios del color blanco.

Hacia los años sesenta el arte de la abstracción perceptual hizo su aparición manifiestan, Joaquín Latorra­ca y José Rosario Pérez, el primero hijo de un periodista y de un sastre el segundo. Ambos, andaban por las aulas liceístas tocados en alguna forma por la efervescencia revolu­cionaria que tenía sus nú­cleos más sensibles en las 'universidades, en las Casas de Cultura y en las montañas.
Soto, Cruz Diez, Narciso Debourg, Omar Carreño, ya se entendían en París con el Movimiento óptico y cinético y a Venezuela llegaban los destellos de Agam, Calder, Duchamp, Vasarely y otros atrapados por la magia del nuevo arte que rompía brus­camente contra todo lo que oliese a figurativismo.
José Rosario Pérez y Joa­quín Latorraca no dejarán la escuela de la pintura tradi­cional sino ocho o diez años después cuando la Casa de la Cultura de Mimina Rodrí­guez Lezama, la Galería Nivel 17.9 de Lobelia Guzmán y el Grupo Araña de José Quiaragua Pinto, Enrique Aristeguieta, José Laurencio Silva y Oswaldo Páez ser­vían de fermento a las inquietudes juveniles, también mo­tivadas por las visitas fre­cuentes de Soto y de los artistas que junto con el pintor guayanés estaban de­trás de la idea de un museo de arte para Ciudad Bolívar.
 Latorraca debutó en el arte moderno con sus formas arrojadas al espacio, mientras José Rosario Pérez vio en la abstracción geométrica una posibilidad de recreación creativa mayor que la del carboncillo traduciendo la expresión facial de la gente.
A partir de allí no ha habido pausa en el camino trazado. Latorraca ha quemado cua­tro etapas sin caer en re­trocesos ni desviaciones y lo mismo se puede afirmar de Pérez, con quien ahora confronta su obra en la Sala de Arte Sidor, la misma que no hace mucho exhibió escul­turas del inglés Henry Moore y serigrafías del alemán Jo­sef Albers, con su homenaje al cuadrado que resalta el hecho de la dinámica óptica variando la relación tanto métrica como cromática.

EL CUADRADO DE JOSE ROSARIO PEREZ
El cuadrado de José Ro­sario Pérez que se repite en serie nada tiene que ver con el cuadrado cromático de Albers. En todo caso, con Malevich que tiene una obra llamada "Cuadrado Blanco sobre Cuadrado Blanco". De aquí dirá él que parte su obra. El cuadrado de Pérez es sólido, puramente blanco y en miniatura, que se repite en series y en forma estructu­ral sobre un plano dando la sensación de tranquilidad e interferencia a la vez. Cuan­do el espectador se adentra a la profundidad de la obra llega a detectar el fenómeno de reflexión y absorción de la luz. La luz es blanca y Newton demostró que el color es el resultado de la descom­posición de la luz blanca. Por ser totalmente blanca en la obra de JRP, la luz no es absorbida, pero el artista se la ingenia para aprehen­derla en los hundimientos provocados por la separa­ción cuadricular de los só­lidos. La longitud de onda de la luz proyectada sobre la obra provoca movimiento y tonalidades que van desde el gris perla hasta el azul.
Se requiere, indudable­mente, un buen sentido de la percepción para registrar es­te fenómeno sutil que el artista traslada a otra dimensión utilizando la secuencia del cubo sobre el vértice contrapuesto al de las caras donde se materializa el mis­mo juego cuadriculado de los sólidos.

LAS FORMAS VECTORIALES DE LATORRACA
Las "Formas Vectoriales" de Joaquín Latorraca enca­jan dentro de su misma línea de siempre y en la Sala de Arte de Sidor que dirige la Nena Acosta están conte­nidas en 14 estructuras, 15 alguna vez con el auxilio de la cibernética y utilizando el rayo laser. Ya entonces se hablaría de la cuarta dimensión.
Si la fotografía ha llegado a la tercera dimensión (la holografía) con la utilización del laser, seguro que llegará a la cuarta por la misma vía es cosa de ver en tiempo cer­cano. Joaquín afirma que su obra es un cubo visto de distintas maneras en el espa­cio y que el problema es de percepción. Un cubo destro­zado lanzado al espacio sigue siendo el mismo cubo, pero nadie lo reconocería y allí la intríngulis de la cuestión. Se plantea entonces un proceso en el que hay que  plantear los problemas de velo­cidad de la obra, dirección, profundidad, espacialidad, color, forma, ángulo visual.

RETO A LA CAPACIDAD DE PERCEPCION
José Rosario Pérez, pre­miado con la Cruz del Sur del Salón Ernesto Avellán en 1973.  Ha realizado durante su vida de pintor 20  exposicio­nes individuales.  Participa­do en 50 colectivas y en la Sala de Arte de Sidor sus obras se reducen a 13: 10 cubos, dos estructuras de 1,80 por 1,80 y una tercera de 1,20 por 1,20. La obra de Pérez es real­mente dominante, hasta el punto de que llega a aplas­tar el verde terrible de la alfombra de la sala.
-¿Por qué el blanco y el cuadrado, dos elemento sim­ples?
-Porque lo genial reside en lograr lo máximo con lo menos, con lo más simple. .
.-¿De dónde parte tú obra?
-De una posibilidad adver­tida por en las obras del ruso Malevich  nacido en Rusia el siglo diecinueve y del cual  hay una obra original en el Museo Soto.  Pero la obra que me abrió el camino fue el Cuadrado Blnco sobre el Cuadrado Blanco.
¿Te dejó algo tu pasantía por el Museo Soro?
-No puedo quejarme, aproveché elñ tiempo a pesar de mis últimos malos ratos.
-¿Qué explica tu obra?
-Mi obra se explica por si misma, tiene un lenguaje muy propio al cual se llega con agudeza perceptual.
-¿Y por ese camino a dónde piensa llegar?
-Estoy apenas comenzan­do, no tengo prisa, cuando haya avanzado más entreve­ré mejor lo que esté por el momento más allá de mi alcance. Tengo mucho por hacer y entre las cosas, está la de construir una cámara para seguir investigando y profundizando sobre las posibilidades del blanco
-¿Tus obras todas parecen iguales?
-A primera vista mis obras son iguales, pero luego que se profundizan y observan de­tenidamente se concluye en que son diferentes. Hay un punto de diferencia de una a otra obra y esto planteado así es como un desafío a la capacidad de percepción del ser humano. Eso es parte de mi planteamiento. Aunque parezca lo contrario, cada una de mis obras tiene su propia personalidad, su indi­vidualidad. Tienen una vida propia dentro de un sistema en la que interactúan. Esto puede observarse en la serie de los diez cubos donde cada uno tiene una fragmenta­ción en tres caras que van evolucionando al tiempo que dan una sensación de ener­gía.
.-¿Con qué material traba­jas?
-Con madera contra-encha­pada, tratada, lijada y reli­jada, cola plástica, resina y una técnica de estuque de cola con yeso que descubrí sin saber que ya existía y que le da a mis obras esa tex­tura tan particular que presenta .

MI OBRA SE CONFRONTA ASI MISMA
Joaquín Latorraca no lleva cuenta de sus exposiciones, pero asegura que ha participado más en colectivas que en individuales porque parte de la creencia de que es más importante la confrontación.  Le preguntamos entonces si su exposición en la Sala de Arte de SIDOR es una confrontación con la obra de José Rosario Pérez y respondió:
-Toda mi obra se confronta así misma y también forzosamente con la del compañero con el cual expongo.
¿En qué se identifican ustedes dos?
-Desde el punto de vista  artístico nos identificamos en el sentido de que creemos en lo que hacemos.
..-¿Existe relación entre tu obra y la de Pérez?
-Hay una relación espacial  que consiste en sacar plano el objeto, las formas, pero hay fenómenos ópticos, movimientos retinales que logran de un modo y, yo, otro. Ambos utilizamos la madera, pero la trabajamos y la tratamos de manera distinta. La textura de mi obra es más delicada mientras que la de Pérez es más piedra.
Yo observo que Pérez trata de lograr muchas cosas utilizando simplemente un color y una sola forma geométrica, mientras tú recargas tus cuadros con diversos colores?
-El color me ofrece muchas  posibilidades en lo que investigo y admito que variablemente he trabajado con colores muy cálidos, muy fríos y muy fuertes, pero  ahora estoy de regreso al pastel, color con el cual empecé. Siempre he tenido tendencia hacia el pastel.  Rreconozco que una de mis fallas ha estado en la utilización de colores agresivos, pero los he ido tonificando hasta lograr un clima tranquilizante.
-Observo igualmente que mientras JRP logra sus efectos ópticos con la repetición constante del cuadro, tú lo haces con figuras romboides superpuestas?
- No son romboides sino cuadro desplazados.  Puede ser que estén en forma romboidal, pero para mí son líneas de corte biselado que dan sensación de cuadro en desplazamiento, en fin, materia en movimiento flotando en el espacio.
-¿Cuántas etapas se cumplen ya en tu carrera de artista?
--Cuatro sin incluir la figurativa.  La etapa de las formas arrojadas al espacio que es el comienzo de lo que hago ahora; la etapa de las esculturas; la de materia y luz y la de ahora que son las formas vectoriales.
¿Vectoriales, por qué?
-Por la sensación vectorial que despide..
¿Por supuesto que es la etapa más seria?
-Es la más seria de mi vida, pero no la final. Para mi es el primer paso para algo más trascendente y a tono con los adelantos técnicos y científicos que implican pensar en la cibernética y en el Rayo Laser
-José Rosario Pérez dice que su obra parte de una situación dejada en suspenso por Malevich ¿En tu obra se plantea alguna situación similar?
-No, específicamente.  Es una consecuencia que parte de 1969 con las Formas Arrojadas al Espacio.
-¿Oi decir que tu obra contiene elementos de la obra de Fausticuatritis, la artista italiana, esposa de Getulio Alviani?
-Hay unas cuatro obras de ella con algunas piezas de las que yo llamo “vectoriales”, pero evidentemente que el concepto es muy diferente.
¿Hay continuidad en tu obra?
-Siempre la ha habido sin que quiera decir que no haya habido modificaciones y alguna ruptura.  Yo descubrí en esta etapa  de mi vida que lo mas importante es el desplazamiento de las formas en el espacio  en esa línea me he mantenido.
El 2 de diciembre cuando concluya esta exposición en la Sala de arte Sidor, José Joaquín Latorraca viajará a Margarita para participar como invitado en la Bienal Nacional de Esculturas “Francisco Narvaez.



miércoles, 18 de junio de 2014

OSTO O EL TRAZO QUE NO CESA


Edgar José Osto Rondón expone en el Centro de las Artes invitado por la Dirección de Cultura del Estado, luego de cuatro años ausente de las galerías de arte visual.
         Durante ese receso impuesto por circunstancias inherentes al curso y proyecto de vida,  ha podido poner en orden sus ideas relacionadas con el arte que profesa y ejerce ininterrumpido y con invariable estilo, desde temprana edad: el arte de la pintura y el dibujo sustraído constantemente por el periodismo impreso en una de sus modalidades de mayor aceptación como es el humorismo de leyenda y trazo.
         En esta exposición individual de Osto, no sólo se trata de la caricatura de gran formato, sino de la caricatura descompuesta a la luz del prisma y en evidentes casos escapándose de sus moldes característicos para vincularse con el paisaje natural,  humano, y hasta con el mito y la leyenda de la anécdota actual o tradicional.
         De todas maneras, aquí en esta exposición de 36 obras, clasificadas, catalogadas y alineadas, la ciudad del río se retrata en hechos cotidianamente experimentados al correr de la existencia.
         Él artista ha podido llegar hasta aquí engarzado en la voluntad, en el impulso de una sensibilidad que no claudica ante lo estético aún cuando lo insólito, lo absurdo o inadmisible  se cuele por sus bordes.
         Edgar José Osto Rondón está aquí de nuevo con diversidad de trazos y colores que sustraen al espectador de su estado de pasividad para hacerlo activo en el acto recreativo de lo que ya ha visto, sentido, presentido o quiere ver en suerte de sorpresa interpretativa para refocilamiento de la mente y del espíritu.
Ciudad Bolívar 25 de abril de 2008
Américo Fernández

         

miércoles, 16 de abril de 2014

Danza impresionante (Breathtaking)

Breath taking
نفس کش!
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Una hora del Viernes Santos


José Angel Viña Bolívar

22:57 (hace 0 minutos)
para AméricoVíctorYuraimamairin.rodrigu.dorianlefebre
Queridos amigos y amigas: acabo de subir el midi de una hermosa obra sacra que transcribí titulada "Una hora del Viernes Santo", del compositor bolivarense José Mármol y Muñoz (1825-1888), Maestro de Capilla de la Catedral de Ciudad Bolívar, director de la Banda Marcial de Ciudad Bolívar y de la Banda Marcial Caracas, músico de la "corte" del General Guzmán Blanco, primer músico bolivarense de trascendencia nacional y profesor de importantes músicos en Caracas durante muchos años. Está escrita para dos sopranos; coro de bajo, tenor y barítono;  violín; cornetín; clarinete en sib; flauta y órgano. A partir de 1.17 minutos comienza la voz, cuyo texto es obra también de Mármol: "Murió en la cruz afrentosa, el sumo bien, Dios y padre. Incierta fe, dulce madre, no comprendió tu dolor. Lloren las fuentes, los mares, la humanidad, el desierto. Por nuestras culpas ha muerto: misericordia señor". Es una obra conmovedora y representativa del estilo compositivo de este autor.
Lo comparto con ustedes, guayaneses todos, para honrarlos por su amistad, por estar cerca los días santos y por ver si logramos alguna vez, ahora que tenemos las partituras, hacer sonar esta música del siglo XIX bolivarense nuevamente. Ojalá les anime.
Gracias de antemano por su receptividad. Feliz semana santa.

jueves, 10 de abril de 2014

GUSTAVO RODRÍGUEZ actor dramático




A esta antigua casona de la Calle Boyacá con la Concordia no venía creo desde finales de los sesenta.  Aquí conocí a su sobrina Jenny van der Dick cuando la postulamos como candidata a Reina de los Periodistas, lo mismo que a su hermano Boris Planchart, atleta de la selección nacional de voleibol y vicepresidente del Comité Olímpico.  Cuando eso Gustavo Rodríguez, quien también había nacido en esta casa el 18 de febrero de 1947, se hallaba en Caracas estudiando sociología.  Después supe más de su persona por boca de él mismo cada vez que le tocaba visitar Ciudad Bolívar, a la que me dijo nunca le perdía el pulso.  Me contaba episodios de su infancia como alguna vez me los contó Alejandro Otero y Rafael Pineda, pensando seguramente que algún día tenía que referirme a ellos como, en efecto, lo hago ahora ante el cortejo y ritual de  sus cenizas que ahora serán esparcidas en el río como antes las de César Gil Samy, compañero de sus correrías en los años  cincuenta junto con  Alberto Camacho,  Tomás Gómez, Horacio Villamonte y Ernesto Guevara.
         La Ciudad Bolívar de entonces era todavía  plácida, casi bucólica y la relación humana bastante estrecha.  Ya su padre José Leandro Rodríguez había muerto. Su padre era sombrerero de oficio, pero su vocación realmente era la de actor y no perdía la oportunidad de las  Compañías teatrales que pasaban por la ciudad para aceptar papeles eventuales.     Pero hubo un tiempo que no pasaban Compañías sino Circos de malabaristas, equilibristas y payasos y aceptó suplantar por emergencia a un equilibrista de la cuerda floja con tan mala suerte que cayó y quedó inválido para siempre.
          De su padre le vino a Gustavo esa pasión por el desdoblamiento que es el arte del actor, además que en su casa, desde pequeño, le daban pábulo a su vocación histriónica cuando lo disfrazaban de Napoleón, de Julio Cesar, de Gladiador, de Mosquetero y con ellos  ganaba los primeros premios de disfraces infantiles en los Carnavales que eran realmente muy hermosos y respondían a un movimiento cultural de elevada ascendencia.
         Ese movimiento cultural e intelectual bastante     acentuado de entonces se ha perdido a causa de la demagogia política, el facilismo y el afán de lucro. A la ciudad actual pareciera importarle más el poder económico y político que otros valores entrañablemente humanísticos.
         Gustavo Rodríguez estudió primaria en la Escuela Federal Tomás de Heres.  Una vez me contó que cuando cometía alguna travesura la maestra lo castigaba en el cuartico que le sirvió de celda al General Piar.  Entonces era monaguillo de la Catedral y por  la vía de Monseñor Juan José Bernal Ortiz, quien había sustituido a Monseñor Mejía como  obispo de la Diócesis, ingresó al Seminario Cristo Rey, pues quería ser sacerdote, Estaba tan adelantado que llegó a ser Maestro de ceremonia y organizador de las misas pontificales, pero su dudosa vocación se quebró antes de tiempo, pero le quedó el regusto por la ceremonia que llegaría a reflejarser sobre las tablas del teatro caraqueño.
         Su paso por la Catedral lo llegó a revivir con marcada emoción en  junio de 1994 cuando le tocó actuar dramáticamente en “Angostura, el oratorio de Piar” composición musical con la que el Maestro Luis Morales Bance invoca el espíritu del héroe de San Félix, con texto de José Manuel Peláez y actuación de la Cantata de Solistas de Venezuela, los Niños Cantores de Villa de Cura y la Coral Voces de la Gran Sabana.
Después del Seminario prosiguió la secundaria hasta el tercer año en el Liceo Peñalver. El Bachillerato lo terminó en el Liceo Aplicación de Caracas y luego ingresó a la Universidad Central de Venezuela para seguir la carrera de Sociología que interrumpió ya muy avanzado para aceptar  una invitación del Instituto Internacional de Teatro.
En esa ocasión Gustavo se empapó de las experiencias teatrales de vanguardia más importantes de Europa y participó en seminarios con connotados directores de teatros.        En ese entonces vivió intensamente el Mayo parisino y la invasión de la Unión Soviética a Checoslovaquia que lo alejó de la juventud comunista a la que pertenecía.



Estando en el Instituto Internacional, Gustavo tomó la decisión de abandonar los estudios de sociología en la Universidad Central para dedicarse de lleno al Teatro, y así se lo comunicó a su madre María Luisa Orá de Rodríguez, quien nunca estuvo de acuerdo con la decisión y lamentablemente no pudo vivir lo suficiente para ver los laureles de su hijo como actor dramático.
Gustavo no sólo destacó  en el Teatro actuando en un centenar de obras, todas para él positivas incluyendo las consideradas un fracaso porque de ellas aprendió mucho.  Cuando hablé con él en el curso de una entrevista para el Correo del Caroní.  Antes lo había entrevistado para el diario El Nacional, me dio a entender que “La Revolución” fue la obra teatral que lo consagró y le valió todos los premios.
"La Revolución" pieza teatral del dramaturgo Isaac Chocrón  estuvo en Caracas seis meses en cartelera y se montó en varias ciudades del país, entre ellas, Ciudad Bolívar, abarrotando un diciembre las gradas del anfiteatro construido en tiempos del gobernador Andrés Velásquez.
Gustavo Rodríguez no actuaba en Ciudad Bolívar desde 1974 cuando vino con el "Nuevo Grupo" a una temporada iniciada en la biblioteca Rómulo Gallegos, entonces dirigida por Lourdes Salazar y que culminó en el Gimnasio Cubierto de Las Moreas. Fue cuando se estrenó "La Máxima Felicidad" y se montaron obras de gran resonancia como "El Testamento del Perro" y "Resistencia".
Su trabajo en la Televisión también fue muy aplaudido y de hecho se sentía orgulloso de su trabajo  y fue reconocido en su  campo como factor importante de la nueva televisión       venezolana. Aquí se inició con "Peonia", la primera novela venezolana, escrita por Manuel García Romero y encarnó el papel de Pedro Estrada en la telenovela “Estefanía”, la primera a color  por la RCTV, 
En el cine protagonizó varias  películas y en otras formó parte de su elenco.  Recordemos a “Muerte al Amanecer”, “Domingo de Resurrección”, “Borrón y cuenta nueva” y “Los Platos del Diablo”, basada en una novela de Eduardo
 Liendo   y  donde hace de productor y actor al mismo tiempo, pues Gustavo  había fundado una Productora que realizaba miniseries para el Canal 8 y el Canal 4.  "El Dorado" fue uno de esos trabajos, ambientado en las Minas, pero que enfatiza en el problema ecológico de Guayana y en el contrabando de minerales, matizado con hechos dramáticos y de aventura.
Con su hija Juliana Andrea, de su unión conyugal con Gabriela, hija de Julián Pacheco, rodó dos películas.  Gustavo no fue estable en el matrimonio.  Se casó varias veces,  Con su primera esposa Lourdes Ramírez, pedagoga de Tucupita, tuvo a María Fernanda, abogado y con la actriz Sonia Vera,  tuvo a Alexandra, quien estudió teatro en Nueva York. Su última hija: Grecia Manrique.
         Hoy esta familia está de luto como lo está el mundo del teatro, del cine y la televisión, como lo estamos nosotros y toda Venezuela, porque se despide del teatro de la vida uno de sus más histriónicos valores.  Se despide a los 67 años, frotando  como Pavarotti el talismán de la suerte antes de entrar en escena.  Luciano Pavarottí solia utilizar como talismán clavos doblados en el bolsillo.  El talismán de Gustavo era conversar previamente con los muertos.  “Mi talismán son los muertos” me dijo un día. Converso con mi madre, mi padre y hermanos antes de salir a escena.  Pues bien, amigo, converse ahora más directamente con ellos remando como buen guayanés en el rielar luminoso del río que aguarda tus cenizas.      Al fin, como lo cantó el poeta Jorge Manrique: “Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es el morir”.

Américo Fernández
Ciudad Bolívar 09/04/2014.