martes, 21 de abril de 2015

Rafael Torrealba





Un pintor que creía en los Ovnis

Murió militando en la fosforescencia de sus cuadros y en la Misión Cristiana de Renovación de la Fe, convencido de que los extraterrestres nos rondan y que Guayana está destinada a ser el centro de los poderes de decisión del tercer milenio.

-Américo Fernández-

A más de medio siglo, cuando Angostura era todavía una ciudad bucóli­ca de vida fluvial y cromáticos atardece­res, cuando aún el puente no vadeaba el río y el Bachiller Sifontes soñaba con estrellas y siemprevivas, que Rafael Torrealba se fue de Ciudad Bolívar bus­cando otros horizontes y se encontró con innumerables cosas buenas y nunca, jamás, con nada que enervara su orgullo de ser bolivarense. Por eso volvió cuando apenas le faltaba poco tiempo para morir.
Murió el 25, miércoles por la tarde. Nacido en Ciudad Bolívar el 5 de enero de 1925, se había ausentado en 1943, cuando la capital de la angostura del Orinoco aún conservaba su peculiar sabor de pueblo romántico frente a un gran río lleno de caleteros, pescadores de atarraya,  músicos y poetas, donde la comunicación era la base del afecto y no de los intere­ses egoístas, como ahora. Se respetaba a los pobres que eran dignos y esa cualidad le daba cierta connotación humana a la ciudad. Hoy, en cambio, se irrespeta al humilde, se le golpea, se le margina y se le considera un fracasado.
Había una animada actividad religiosa en Semana Santa. La Catedral era el cen­tro convergente de la fe cristiana de la comunidad. Había un coro muy activo y la tradición de los Hermanos del Santísimo era realmente una institución. Los juegos inocentes del Quiminduñe, la zaranda de taparita y la Parapara daban la medida de la pureza de nuestra juventud. Los citadinos como los Torrealba, se encontraban dentro de un contexto reli­gioso muy distinto de la perversidad. Esa era la Ciudad Bolívar que ya no vuelve.
En cambio sus hijos vuelven y la recuer­dan con la pátina de la nostalgia. Torrealba cuando regresó a los sesenta años tenía el cuidado de aclarar, frente al sigiloso reproche, que retornaba física­mente después de largo tiempo, pero que siempre permaneció en ella con la misma fuerza espiritual de esa pintura dominan­do en uno de los muros de su antiguo
taller de Vista Hermosa.
Sobre una pared de la casa de Rafael Torrealba, donde todas las tardes llegaban mujeres de la ciudad a pintar, colga­ba una pintura de gran formato con un tema alegórico en el que se le concede interés a lo divino y a lo humano, a lo natural y sobrenatural.
Este arte cristiano lleno de símbolos y de intemporalidad que nació en las cata­cumbas romanas y afloró con fuerza en los tiempos de Constantino, parecía rena­cer en este artista guayanés que retornaba después de una prolongada ausencia.
Rafael Torrealba estaba entonces en una onda mística que no podía ignorar su arte. Un arte que comenzó quizá cuando iba a la orilla del Río a contemplar el atardecer y la luz agónica del Sol le poblaba la retina con una inusitada gama de colores sugeridos en aquellos trazos fosforescentes que delineaban como tema el posible origen de la humanidad.
Hubo un tiempo en que Rafael Torrealba pintaba paisajes. Eso fue al comienzo de su vida artística alternada con su profe­sión de diseñador y dibujante técnico a nivel de la ingeniería y arquitectura. Luego hizo ejercicios en el campo del abstraccionismo. Le dio posteriormente por la pintura social y finalmente cedió preponderancia a la pintura mística. Quería interpretar toda la esencia del Apocalipsis de San Juan.
Cuando veo esa pintura, el domingo anterior la volví a ver en una exposición en la Casa de las Doce Ventanas, organi­zada por Extensión Cultural de la Universidad de Oriente, cuando veo esa pintura, entreveo algo onírico y trato de encontrarle algún parentesco con la obra de Marc Chagal, precursor del surrealis­mo, lleno de miedo como un niño, falle­cido casi a los 90 años. Un día de esos en que lo encontraba metido de lleno con sus alumnos, le advertí de ese ambiente onírico que captaba en algunas de sus pinturas.
- No, no es onírico, lo que pasa es que las cosas que no pueden ser copiadas de la naturaleza pasan por oníricas. Simplemente esta mía es una pintura bíblica, religiosa.
- ¿Desde cuándo está Torrealba en esa corriente?
- Tengo años en esto. En Nueva York expuse una muestra de pura pintura meta­física que llamó mucho la atención, ins­pirada en principios del Evangelio y del Viejo Testamento, con el paralelismo de los dos mundos que existen.
Nos acercamos a la obra sobre el origen
de la vida para apreciarla mejor eón los
electos de una luz negra fluorescente. Allí estaba representado el mar, el sol sumergido, los peces, el espíritu que baja, la humanidad en decadencia, las explo­siones atómicas, las siete trompetas anunciando el fin de los tiempos, el cielo adánico que no ha de morir, Cristo, el mundo del futuro que es la paz, los ovnis bajando. Nos detenemos en los ovnis.
- ¿Cree usted en los ovnis?
Los ovnis son una realidad que yo he vivido. Un día como persona, no como periodista, vendrán para enseñarte algu­nas cosas.
¿Has visto alguno?
Como no, bastantes. Existe un grupo que conocemos como "Misión Cristiana de Renovación de la Fe" que viene a bordo de ellos. Esto es un hecho descon­certante que no tiene explicación huma­
mapamundi estampado en triángulos cuyos vértices caen con pasmosa exacti­tud en puntos sensibles de la geografía universal. Las puntas de uno de esos triángulos tocan en la Pirámide de Keops de Egipto, la Pirámide del Sol, en México y el Valle de los dioses en Bolivia - Perú. Pero lo más interesante es que encierran a Guayana, lo cual él interpretaba como centro de los poderes de decisión del mundo en el tercer milenio. Porque todo este conflicto que en todos los órdenes estamos presenciando, bélico, religioso, político, económico, terminará con el triunfo del cristianismo, tras una confla­gración que será como una especie de catarsis donde todo lo abominable queda­rá purificado por el fuego.
Torrealba nos prometía hablar más ade­lante sobre este tema para él muy apasio­nante. Mientras tanto quería ocuparse de los problemas de la cultura. Quería hacer algo y comenzó a trabajar, invitado por la CVG, para hacer una exposición en la Sala de Arte de Sidor. Entonces viajó por la Gran Sabana captando imágenes pues­to que la exposición estaba toda dedicada a Guayana, la tierra magnética y telúrica­mente más vieja del mundo, según sus propias palabras.
¿Cómo vez el panorama cultural?
- He encontrado una distorsión total en el aspecto cultural. La cultura la veo bicé­fala y enchinchorrada.
Torrealba que figura como uno de los fundadores de la Casa de la Cultura de Barquisimeto, de su Festival internacio­nal del folclor, de la Feria de la Divina Pastora y del Museo del Centro Cívico, prefirió dejar las cosas hasta allí para no entrar en polémica, cuando le pregunta­mos qué quería decir con eso de bicéfalo y enchinchorrado.
- ¿Sus paisanos cómo lo han recibido?
- La mayoría muy bien, pero hay gente por allí que cree que voy a abusar de mi influencia para cortar paticas.
¿Qué gente es esa?
Por ahí hay personas muy nerviosas
- ¿De qué nivel?
- De ciertas jerarqufá& pero no hay que temer. No te olvides que „yó llegué a ver Guayana invitado por la CV G para trabajar  (1983) en desarrollo cultural y social la y yo, a través de esa institución tan poderosa  pude hacer un diagnóstico cultural de Guayana que es más de lo que tú te puedes imaginar. Pienso escribir para Arte plantear muchas cosas y despertar la conciencia de alguna gente que se crió aquí,  que se hizo rica y se fue para Puerto Ordaz a hacerse más rica todavía.
Entonces pensaba Torrealba en la posibilidad de un simposio cultural con la  presencia de Soto, Alejandro Otero, Régulo Pérez, el Indio Guerra, Alirio Rodríguez, González Bogen, Lucila Palacios, Luz Machado, Jean Aristiguietta, Jesús Sanoja, Argenis Daza, Manuel Alfredo Rodríguez y con mucha gente vinculada a la región, a ver que más de lo poco que se había hecho,         era posible hacer para llevarla adelante la materia artística y cultural.  
Él, mientras tanto, trabajaba medio tiempo en Inagro y por la tarde atendía en su taller en Vista Hermosa. Era cuando ese instituto manifestaba interés por rescatar valores de la identidad regional: folclóricos, etnográficos y populares.
Yo estoy metido a fondo con estas cosas.  He hablado  con Sánchez Negrón y con la gente de la CVG en torno a la ejecución de un proyecto insertado en el VII Plan de la nación y que tiene mucho que ver con esto que estamos haciendo en Inagro y que va a servir para incentivar a la mana campesina, la artesanía popular, la posibilidad de rendir un aporte al turis­mo porque no se puede vivir contemplan­do el paisaje nada más. El Movimiento Artístico Guayanés es una buena posibi­lidad para echar a andar la cultura en esta ciudad porque está integrado por perso­nas serias, profesionales casi todos naci­dos en Ciudad Bolívar. Hay que tomar responsabilidades para trabajar y hacer algo porque tú te das cuenta que la ciudad muere con el atardecer. La gente no tiene aquí un teatro, una escuela de artes plás­ticas, no hay una academia de música, no hay un taller de teatro serio, una bibliote­ca formal moderna. Aquí todo el mundo como que se está quedando a la sombra de los mangos.
Comentaba que la Dirección de Cultura debería estar en el casco de la ciudad y no en las afueras donde estaba entonces, que se debía pensar en un Museo Indigenista, en un Acuario y en un Museo del Orinoco.
- Yo no sé por qué no se puede hacer si tenemos cerros llenos de hierro, ríos lle­nos de electricidad y dinero para hacer autopistas.
Rafael Torrealba creía en la posibilidad de hacer muchas cosas y él por su parte lo estaba haciendo apoyado en el Movimiento Artístico Guayanés, cuyos integrantes recibían  clases de aficionados y perfeccionamiento en su taller. Su Taller lo había convertido además en centro de reuniones y tertulias artísticas e intelectuales de ese movimiento que en aquel momento trabajaba para una gran exposición que luego continuaría cada año. También él preparaba su quinta exposición individual en la ciudad o Maracay.
Torrealba hasta entonces había partici­pado también en más de veinte colectivas y desde la Oficina Técnica de la FAO en Venezuela que manejó durante varios años tuvo la ocasión de vincularse en arte y conocimientos con varios países del mundo.
Después fue titular de la Dirección de Cultura de la Alcaldía de Heres (1993) y finalmente profesor de los Talleres de Dibujo y Pintura de la Universidad de Oriente en la Casa de las Doce Ventanas y concibió el proyecto Talleres de Artes Plásticas, Centro de Arte Alejandro Otero, de la Uneg.
Precisamente, esta Universidad inaugu­ró el domingo anterior su última exposi­ción individual, de la cual fue curador y en la que debía estar presente sin presen­tir el final que lo aguardaba. En el acto, Juan Guerrero, autor del diseño y catálo­go de la exposición, y Diana Gámez, pre­sentaron la muestra cuyo montaje estuvo en las manos de María Alcina Gamboa.





lunes, 23 de marzo de 2015

-- JUVENAL RAVELO



Afiche de mi exposición individual en Miami desde el 10 de Abril al 30 de Julio.





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JUVENAL RAVELO
Venezuela
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martes, 16 de diciembre de 2014

Hoy el día de Kandinski


Hoy es el  día de Vasil Kandinski, pintor ruso precursor del arte moderno con su obra y su libro "Punto y línea sobre el plano".  En la colección permanente del Museo Soto conocí su abstración lírica.

miércoles, 2 de julio de 2014

Las obras visuales de Pérez y Latorraca

(Reportaje de Américo Fernández publicado el 3 de diciembre de 1984 en el diario El Expreso)
José Rosario Pérez

Obras de Pérez y Latorraca
un desafío a la capacidad perceptual

·       Los dos artistas de la plástica exponen sesenta obras  bidimensionales y espaciales  en la sala de are de Sidor.
·       Latorraca piensa en la cuarta dimensión utilizando el rayo laser y José Rosario Pérez inventa una cámara  para sondear los misterios del color blanco.

Hacia los años sesenta el arte de la abstracción perceptual hizo su aparición manifiestan, Joaquín Latorra­ca y José Rosario Pérez, el primero hijo de un periodista y de un sastre el segundo. Ambos, andaban por las aulas liceístas tocados en alguna forma por la efervescencia revolu­cionaria que tenía sus nú­cleos más sensibles en las 'universidades, en las Casas de Cultura y en las montañas.
Soto, Cruz Diez, Narciso Debourg, Omar Carreño, ya se entendían en París con el Movimiento óptico y cinético y a Venezuela llegaban los destellos de Agam, Calder, Duchamp, Vasarely y otros atrapados por la magia del nuevo arte que rompía brus­camente contra todo lo que oliese a figurativismo.
José Rosario Pérez y Joa­quín Latorraca no dejarán la escuela de la pintura tradi­cional sino ocho o diez años después cuando la Casa de la Cultura de Mimina Rodrí­guez Lezama, la Galería Nivel 17.9 de Lobelia Guzmán y el Grupo Araña de José Quiaragua Pinto, Enrique Aristeguieta, José Laurencio Silva y Oswaldo Páez ser­vían de fermento a las inquietudes juveniles, también mo­tivadas por las visitas fre­cuentes de Soto y de los artistas que junto con el pintor guayanés estaban de­trás de la idea de un museo de arte para Ciudad Bolívar.
 Latorraca debutó en el arte moderno con sus formas arrojadas al espacio, mientras José Rosario Pérez vio en la abstracción geométrica una posibilidad de recreación creativa mayor que la del carboncillo traduciendo la expresión facial de la gente.
A partir de allí no ha habido pausa en el camino trazado. Latorraca ha quemado cua­tro etapas sin caer en re­trocesos ni desviaciones y lo mismo se puede afirmar de Pérez, con quien ahora confronta su obra en la Sala de Arte Sidor, la misma que no hace mucho exhibió escul­turas del inglés Henry Moore y serigrafías del alemán Jo­sef Albers, con su homenaje al cuadrado que resalta el hecho de la dinámica óptica variando la relación tanto métrica como cromática.

EL CUADRADO DE JOSE ROSARIO PEREZ
El cuadrado de José Ro­sario Pérez que se repite en serie nada tiene que ver con el cuadrado cromático de Albers. En todo caso, con Malevich que tiene una obra llamada "Cuadrado Blanco sobre Cuadrado Blanco". De aquí dirá él que parte su obra. El cuadrado de Pérez es sólido, puramente blanco y en miniatura, que se repite en series y en forma estructu­ral sobre un plano dando la sensación de tranquilidad e interferencia a la vez. Cuan­do el espectador se adentra a la profundidad de la obra llega a detectar el fenómeno de reflexión y absorción de la luz. La luz es blanca y Newton demostró que el color es el resultado de la descom­posición de la luz blanca. Por ser totalmente blanca en la obra de JRP, la luz no es absorbida, pero el artista se la ingenia para aprehen­derla en los hundimientos provocados por la separa­ción cuadricular de los só­lidos. La longitud de onda de la luz proyectada sobre la obra provoca movimiento y tonalidades que van desde el gris perla hasta el azul.
Se requiere, indudable­mente, un buen sentido de la percepción para registrar es­te fenómeno sutil que el artista traslada a otra dimensión utilizando la secuencia del cubo sobre el vértice contrapuesto al de las caras donde se materializa el mis­mo juego cuadriculado de los sólidos.

LAS FORMAS VECTORIALES DE LATORRACA
Las "Formas Vectoriales" de Joaquín Latorraca enca­jan dentro de su misma línea de siempre y en la Sala de Arte de Sidor que dirige la Nena Acosta están conte­nidas en 14 estructuras, 15 alguna vez con el auxilio de la cibernética y utilizando el rayo laser. Ya entonces se hablaría de la cuarta dimensión.
Si la fotografía ha llegado a la tercera dimensión (la holografía) con la utilización del laser, seguro que llegará a la cuarta por la misma vía es cosa de ver en tiempo cer­cano. Joaquín afirma que su obra es un cubo visto de distintas maneras en el espa­cio y que el problema es de percepción. Un cubo destro­zado lanzado al espacio sigue siendo el mismo cubo, pero nadie lo reconocería y allí la intríngulis de la cuestión. Se plantea entonces un proceso en el que hay que  plantear los problemas de velo­cidad de la obra, dirección, profundidad, espacialidad, color, forma, ángulo visual.

RETO A LA CAPACIDAD DE PERCEPCION
José Rosario Pérez, pre­miado con la Cruz del Sur del Salón Ernesto Avellán en 1973.  Ha realizado durante su vida de pintor 20  exposicio­nes individuales.  Participa­do en 50 colectivas y en la Sala de Arte de Sidor sus obras se reducen a 13: 10 cubos, dos estructuras de 1,80 por 1,80 y una tercera de 1,20 por 1,20. La obra de Pérez es real­mente dominante, hasta el punto de que llega a aplas­tar el verde terrible de la alfombra de la sala.
-¿Por qué el blanco y el cuadrado, dos elemento sim­ples?
-Porque lo genial reside en lograr lo máximo con lo menos, con lo más simple. .
.-¿De dónde parte tú obra?
-De una posibilidad adver­tida por en las obras del ruso Malevich  nacido en Rusia el siglo diecinueve y del cual  hay una obra original en el Museo Soto.  Pero la obra que me abrió el camino fue el Cuadrado Blnco sobre el Cuadrado Blanco.
¿Te dejó algo tu pasantía por el Museo Soro?
-No puedo quejarme, aproveché elñ tiempo a pesar de mis últimos malos ratos.
-¿Qué explica tu obra?
-Mi obra se explica por si misma, tiene un lenguaje muy propio al cual se llega con agudeza perceptual.
-¿Y por ese camino a dónde piensa llegar?
-Estoy apenas comenzan­do, no tengo prisa, cuando haya avanzado más entreve­ré mejor lo que esté por el momento más allá de mi alcance. Tengo mucho por hacer y entre las cosas, está la de construir una cámara para seguir investigando y profundizando sobre las posibilidades del blanco
-¿Tus obras todas parecen iguales?
-A primera vista mis obras son iguales, pero luego que se profundizan y observan de­tenidamente se concluye en que son diferentes. Hay un punto de diferencia de una a otra obra y esto planteado así es como un desafío a la capacidad de percepción del ser humano. Eso es parte de mi planteamiento. Aunque parezca lo contrario, cada una de mis obras tiene su propia personalidad, su indi­vidualidad. Tienen una vida propia dentro de un sistema en la que interactúan. Esto puede observarse en la serie de los diez cubos donde cada uno tiene una fragmenta­ción en tres caras que van evolucionando al tiempo que dan una sensación de ener­gía.
.-¿Con qué material traba­jas?
-Con madera contra-encha­pada, tratada, lijada y reli­jada, cola plástica, resina y una técnica de estuque de cola con yeso que descubrí sin saber que ya existía y que le da a mis obras esa tex­tura tan particular que presenta .

MI OBRA SE CONFRONTA ASI MISMA
Joaquín Latorraca no lleva cuenta de sus exposiciones, pero asegura que ha participado más en colectivas que en individuales porque parte de la creencia de que es más importante la confrontación.  Le preguntamos entonces si su exposición en la Sala de Arte de SIDOR es una confrontación con la obra de José Rosario Pérez y respondió:
-Toda mi obra se confronta así misma y también forzosamente con la del compañero con el cual expongo.
¿En qué se identifican ustedes dos?
-Desde el punto de vista  artístico nos identificamos en el sentido de que creemos en lo que hacemos.
..-¿Existe relación entre tu obra y la de Pérez?
-Hay una relación espacial  que consiste en sacar plano el objeto, las formas, pero hay fenómenos ópticos, movimientos retinales que logran de un modo y, yo, otro. Ambos utilizamos la madera, pero la trabajamos y la tratamos de manera distinta. La textura de mi obra es más delicada mientras que la de Pérez es más piedra.
Yo observo que Pérez trata de lograr muchas cosas utilizando simplemente un color y una sola forma geométrica, mientras tú recargas tus cuadros con diversos colores?
-El color me ofrece muchas  posibilidades en lo que investigo y admito que variablemente he trabajado con colores muy cálidos, muy fríos y muy fuertes, pero  ahora estoy de regreso al pastel, color con el cual empecé. Siempre he tenido tendencia hacia el pastel.  Rreconozco que una de mis fallas ha estado en la utilización de colores agresivos, pero los he ido tonificando hasta lograr un clima tranquilizante.
-Observo igualmente que mientras JRP logra sus efectos ópticos con la repetición constante del cuadro, tú lo haces con figuras romboides superpuestas?
- No son romboides sino cuadro desplazados.  Puede ser que estén en forma romboidal, pero para mí son líneas de corte biselado que dan sensación de cuadro en desplazamiento, en fin, materia en movimiento flotando en el espacio.
-¿Cuántas etapas se cumplen ya en tu carrera de artista?
--Cuatro sin incluir la figurativa.  La etapa de las formas arrojadas al espacio que es el comienzo de lo que hago ahora; la etapa de las esculturas; la de materia y luz y la de ahora que son las formas vectoriales.
¿Vectoriales, por qué?
-Por la sensación vectorial que despide..
¿Por supuesto que es la etapa más seria?
-Es la más seria de mi vida, pero no la final. Para mi es el primer paso para algo más trascendente y a tono con los adelantos técnicos y científicos que implican pensar en la cibernética y en el Rayo Laser
-José Rosario Pérez dice que su obra parte de una situación dejada en suspenso por Malevich ¿En tu obra se plantea alguna situación similar?
-No, específicamente.  Es una consecuencia que parte de 1969 con las Formas Arrojadas al Espacio.
-¿Oi decir que tu obra contiene elementos de la obra de Fausticuatritis, la artista italiana, esposa de Getulio Alviani?
-Hay unas cuatro obras de ella con algunas piezas de las que yo llamo “vectoriales”, pero evidentemente que el concepto es muy diferente.
¿Hay continuidad en tu obra?
-Siempre la ha habido sin que quiera decir que no haya habido modificaciones y alguna ruptura.  Yo descubrí en esta etapa  de mi vida que lo mas importante es el desplazamiento de las formas en el espacio  en esa línea me he mantenido.
El 2 de diciembre cuando concluya esta exposición en la Sala de arte Sidor, José Joaquín Latorraca viajará a Margarita para participar como invitado en la Bienal Nacional de Esculturas “Francisco Narvaez.



miércoles, 18 de junio de 2014

OSTO O EL TRAZO QUE NO CESA


Edgar José Osto Rondón expone en el Centro de las Artes invitado por la Dirección de Cultura del Estado, luego de cuatro años ausente de las galerías de arte visual.
         Durante ese receso impuesto por circunstancias inherentes al curso y proyecto de vida,  ha podido poner en orden sus ideas relacionadas con el arte que profesa y ejerce ininterrumpido y con invariable estilo, desde temprana edad: el arte de la pintura y el dibujo sustraído constantemente por el periodismo impreso en una de sus modalidades de mayor aceptación como es el humorismo de leyenda y trazo.
         En esta exposición individual de Osto, no sólo se trata de la caricatura de gran formato, sino de la caricatura descompuesta a la luz del prisma y en evidentes casos escapándose de sus moldes característicos para vincularse con el paisaje natural,  humano, y hasta con el mito y la leyenda de la anécdota actual o tradicional.
         De todas maneras, aquí en esta exposición de 36 obras, clasificadas, catalogadas y alineadas, la ciudad del río se retrata en hechos cotidianamente experimentados al correr de la existencia.
         Él artista ha podido llegar hasta aquí engarzado en la voluntad, en el impulso de una sensibilidad que no claudica ante lo estético aún cuando lo insólito, lo absurdo o inadmisible  se cuele por sus bordes.
         Edgar José Osto Rondón está aquí de nuevo con diversidad de trazos y colores que sustraen al espectador de su estado de pasividad para hacerlo activo en el acto recreativo de lo que ya ha visto, sentido, presentido o quiere ver en suerte de sorpresa interpretativa para refocilamiento de la mente y del espíritu.
Ciudad Bolívar 25 de abril de 2008
Américo Fernández

         

miércoles, 16 de abril de 2014

Danza impresionante (Breathtaking)

Breath taking
نفس کش!
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Una hora del Viernes Santos


José Angel Viña Bolívar

22:57 (hace 0 minutos)
para AméricoVíctorYuraimamairin.rodrigu.dorianlefebre
Queridos amigos y amigas: acabo de subir el midi de una hermosa obra sacra que transcribí titulada "Una hora del Viernes Santo", del compositor bolivarense José Mármol y Muñoz (1825-1888), Maestro de Capilla de la Catedral de Ciudad Bolívar, director de la Banda Marcial de Ciudad Bolívar y de la Banda Marcial Caracas, músico de la "corte" del General Guzmán Blanco, primer músico bolivarense de trascendencia nacional y profesor de importantes músicos en Caracas durante muchos años. Está escrita para dos sopranos; coro de bajo, tenor y barítono;  violín; cornetín; clarinete en sib; flauta y órgano. A partir de 1.17 minutos comienza la voz, cuyo texto es obra también de Mármol: "Murió en la cruz afrentosa, el sumo bien, Dios y padre. Incierta fe, dulce madre, no comprendió tu dolor. Lloren las fuentes, los mares, la humanidad, el desierto. Por nuestras culpas ha muerto: misericordia señor". Es una obra conmovedora y representativa del estilo compositivo de este autor.
Lo comparto con ustedes, guayaneses todos, para honrarlos por su amistad, por estar cerca los días santos y por ver si logramos alguna vez, ahora que tenemos las partituras, hacer sonar esta música del siglo XIX bolivarense nuevamente. Ojalá les anime.
Gracias de antemano por su receptividad. Feliz semana santa.